Gloria Gómez: Poeta de la verdad

Fotografía: Miguel Ángel Camero

Por Lorena Illoldi

Conocí a Gloria Gómez Guzmán en Tampico, ciudad de la que ambas somos oriundas, cuando el libro Para quienes en altamar aún velan (1988), publicado por el ITC, estaba recién salido de la imprenta, y Gloria, algo reacia, entregó su obra a su gran amigo Caín Valdez, artista multidisciplinario, quien en una de sus incursiones escénicas compartió con el mundo el maravilloso almácigo de poemas dulcemente intensos, brutalmente verdaderos, con que la tampiqueña nos asombrara en esos días, asombro compartido por los jueces del IV Concurso Estatal de Poesía “Juan B. Tijerina”, que en 1988 le concedieran el primer lugar por decir:

yo canto contra aquellos que se apoderaron
de la realidad y el sueño
y nos dejaron fuera
contra aquellos que erigieron los imperios
donde perecemos en esclavitud y olvido
los que han borrado todo rastro de amor a nuestras caras*

Para quienes en altamar aún velan es una honesta declaración de principios, el contundente manifiesto de una personalidad firme, recia, curtida y atemperada en el crisol de su personalísima vida hasta esos días, una mujer determinada a pasar y permanecer:

yo no vine a abandonar mi centro
en las blandas manos de la inercia
he venido a estar
a darme un ser
estoy aquí

Gloria nos habla en un presente perfecto, declaración absoluta del ser y estar como significado último, como fin y esencia de su estancia en este mundo, del cual se reconoce parte importante, si bien no por ello menos vilipendiada por los embates de la crueldad de un día a día que la mueve a interpelar: Es terrible ser pobre, / termina uno siendo mezquino, y continuar engarzando un rosario de gastadas cuentas, sobadas imágenes que nos desnudan el alma enfrentándonos a un espejo prístino, pulido a fuerza de repasarlo obsesivamente en la decantación de la palabra que precisa: a los pobres de ahora no les han dejado nada / pero si los días de ira han terminado / la puerta del futuro está cerrada para todos.

La manufactura de estos poemas refleja la conciencia del poeta como ser superior a su circunstancia, heredero de mejores destinos, semilla de todas las potencias, y su canto deviene en un profundo lamento de dolor y esperanza, grito del que, quizá caído, se jura y repite que habrá de ser libre, de ganar, de ser feliz y poder estar, canto dedicado:

para quienes en altamar
aún velan
porque saben que la tormenta es un viejo hilacho
ondulando como un hombre solo
en la punta del más alto aullido

Así, la poesía de Gloria deviene en la consumación de sus propios prodigios, augurados ya antes en No eran la epopeya de estos años nuestros días, libro de 1981, cuando dice que si bien:

poesía no ha salvado a nadie
no resuelve insomnios
no sirve gritarla en pantallas de tv
o hacerla canciones y que traguen de ella
dulcemente los muchachos

poesía es un reluciente
bruto fragmento de náusea
un aullido están matando todo
la razón desvalida para seguir aquí

Escrito unos cuantos años antes, el poemario mencionado incluye un puñado de micro historias, fragmentos perennes de un mundo abigarrado, revuelto crisol que parece ir de los años cincuenta a los setenta, largo discurso de la aguerrida portavoz de un clamor de justicia que de sincero y honesto deviene en verdad social que señala, denuncia y se lamenta:

el poema se ha atorado
entre el recibo de la renta
y el de la luz eléctrica

respondiéndose ella misma más delante:

qué miseria de sistema
el que condena a los poetas
a dar clases de literatura
para poder pagar la renta

El poemario encierra instantáneas muy vivas, que en la sencilla pulcritud de unas cuantas palabras, revelan intensos destellos de una vida comúnmente poética, amaridada de protestas y lamentos, denuncias y odas, y por debajo de todo, como sutil pátina, una débil esperanza que se niega a desdibujarse por completo cuando asegura:

nosotros
padres melancólicos de ahora
que huyen de las multitudes ciegas en la calle
nosotros
pobres poetas de aquí
no entregaremos las armas

La poética de Gómez Guzmán expone sin piedad alguna las fisuras, el hollín y la ceniza en la memoria, las hojas de bordes amarillos, manchados con el orín apestoso de la noche, palabras de una mujer que nos dice querer un hombre, amar a vida, llorar a su padre, que asegura con simpleza que ella misma es el poema.

Litoral sin sobresaltos, de 1987, es clara muestra de ello cuando revela íntimo dolor de estar atrapada en la paradoja de mujer que se niega a lavar los platos y sale a la calle para encontrarse, mientras mira a las mujeres de su generación ahítas de mentirse a sí mismas, nulificarse en aras de encajar en el mundo artificial de allá afuera, y a pesar de ello Gloria sostiene: no logramos suicidarnos en nombre del futuro luminoso / ni nos traicionamos por un coche último modelo.

Los pocos poemas de este libro –y digo pocos porque de Gloria siempre se desea más poesía– transitan por senderos acedos de historias que ya zarpan, ya encallan, húmedas y manchadas, sucias y olorosas a eso que huele el olvido, lo que duele, y que de nueva cuenta mantienen el discreto brillo de la esperanza que se perfila cuando sostiene:

y yo que aquí abrí mi centro para preservar la vida
sé el asombro    sé que accedería
porque estoy viva y soy desdichada
y aún espero

El sermón del arenque, poemario de 1992, recoge con mayor fuerza ese anhelo de esperanza, cuando inicia diciendo:

si es de noche y aún bailas
porque siempre ha de llegar
el amanecer espléndido

si estás viva
éste es tu poema y el mío

Poemas bautizados con líquidos nombres, lavan nuestras posibles penas y las de todos con verdades luminosas aunque duelan, brillantes y hermosas aunque lastimen, dulces y amorosas cuando sanan al decir: yo no canto al mar/ pero/ es el golpe de su oleaje / lo que sacude las extenuadas orillas / de todos mis poemas.

Los lectores de Gloria Gómez Guzmán seguimos esperando más de la lúcida poesía de una escritora valiente, que respeta su oficio mediante el estricto control de cuanto escribe, y que comparte cuando se asegura de que resiste el escrutinio de los destinatarios, poeta de verdades que arrebatan, que señala con detalle cuanto de humanos poseemos y nos dice:

si he logrado salir entera
y húmeda aún he vuelto a tierra firme
si nada de eso tiene que ver con la poesía
y sí conmigo
-aunque no sea cierto
aunque haya ocurrido
si a nadie en verdad le importa
de cualquier manera
viva el personaje

Ciudad Victoria, Tamaulipas, marzo 2010

*Bibliografía

Guzmán Gómez, Gloria (1998). Antología Personal. (C. A. Arturo, & L. F. Guillermo, Edits.) Colección Nuevo Amanecer, Gobierno del Estado de Tamaulipas. Ciudad Victoria, Tamaulipas, México

Tomado del libro electrónico Los Santos Días de la Poesía. Aquella voz que germina: Retrospectiva de la poética desde Tamaulipas, pp.55-59, 2010.

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