Iza la vela Isabel

El 17 de agosto de 2010, en la Casa de la Cultura de Tampico, durante el XXI Festival del Bolero, se realizó un homenaje a la promotora cultural Isabel Ridaura (tercera de der. a izq.). El grupo cultural Aliarte y la Asociación Civil Cecilia Sanz de Ridaura le entregaron un reconocimiento. Durante el evento, la escritora Gloria Gómez Guzmán (al centro) leyó el texto aquí publicado. Fotografía: Beatriz Durán.

Por Gloria Gómez Guzmán

O también: Isa, la bella Isabel (en italiano) y, además: Isa la ve, la Isabel, en castellano; como jugando, sí, jugando, porque con Isabel siempre dan ganas de jugar, de reir, de entusiasmarse; de mirar la propia suerte -en los tiempos que corren- con coraje y ternura; y también con fe y divertida curiosidad, como lo hace ella.

He dicho en alguna parte que los humanos somos animales de dolor y olvido; bueno, Isabel no, ignoro si porta algún gen alienígena, pero ella no aprendió a olvidar y no parece que el dolor haya anidado en parte alguna de su mirada, siempre cálida y honesta.

Desde luego que me honra informarles que soy amiga de Isabel y por ello me tomo ciertas libertades al hablar de ella con ustedes, que quizá la han visto a la entrada de todos los festivales del Bolero desde siempre, pues ella ha sido parte esencial de nuestro quehacer cultural en este poblado, que ha visto mejores épocas, pero ahorita no me acuerdo de ninguna, así que aquí, creció aquí mismo y vive entre nosotros; es hija de los dos más hermosos seres que nos ha obsequiado la nación valenciana, los doctores Cecilia Sanz y Vicente Ridaura, de fértiles frutos en la vida académica y cultural prosigamos con Isabel, a quien tanto queremos los de Aliarte y los Cecilios.

Nació del puerto. Con su vigoroso corazón -ubicado en el lado izquierdo, como su conciencia-, Isabel siempre adhirió las causas justas, sin pretensiones de adquirir poder político –igual que sus padres y algunos de sus amigos- y allí ha estado, izando banderas rojas y tricolores, engrosando la lista de los eternos firmantes a favor de las causas eternamente perdidas por siempre, y haciendo lo que sea posible para dejar constancia de su pertenencia al bando de la buena gente; “que le hace que no ganemos nunca”,  le dije un día. Y ella sólo sonreía, quién sabe si su esperanza era más fuerte que la mía, de suyo muy menoscabada entonces.

Y anduvimos juntas los años de ese tiempo en que aún nos parecía posible jalonar un futuro no tan peor para los mexicanos todos. Sé que si ella no hubiese estado cerca de mí en ese tiempo, la vida con sus evidencias de catástrofe inminente me hubiera caído encima, derrumbándome. Nunca se lo había dicho y aprovecho para hacerlo esta noche, en que todos juntos celebramos la bravura, la alegría, el coraje y la ternura de esa enorme mujer que es Isabel Ridaura Sanz.

Tampico, agosto de 2010

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