Segundo Encuentro Nacional de Poetas

En junio de 2011 se llevó a cabo el II Encuentro Nacional de Poetas, en el que se reunieron 30 autores de varias generaciones, provenientes de distintas regiones del país.

Se trató de una iniciativa de la Casa del Poeta “Ramón López Velarde”, apoyada por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), en el que los escritores dialogaron sobre la poesía en el mundo actual, además de dar lectura de su obra.

Gloria Gómez participó en una mesa donde también estuvieron los poetas María Rivera, Sergio Mondragón, Julián Herbert, Óscar de Pablo, Luigi Amara, y Roberto Rico.

Aquí algunas fotografías del evento realizado en la Ciudad de México.

Imágenes tomadas del portal Crónica Antropológica.

Memorias de la tercera edad de Tampico

Imagen: Milenio

Por Erik Vargas

La historia de la ciudad de Tampico se ha centrado, valga la redundancia, en sus hechos históricos. Aquello captado por estudiosos, investigadores y cronistas. El relato oficial del paso evolutivo en el sur de Tamaulipas.

Sin embargo, hay dispersas historias que no entran en la crónica argumentada: los de la vida común, la memoria viva de su gente.
La poeta Gloria Gómez encabeza a partir de esto último, un ambicioso proyecto que involucra a la Dirección de Cultura, pero sobre todo a la gente de esta ciudad, la nacida, la adoptiva, la que la ama.

El taller “¿Mi vida? Te la cuento” reunirá a más de una docena de personas de la tercera edad que tienen algo que contar, pero que no han sabido relatarlo, incluso, han sido ignorados.

La cita es a partir de este sábado 9 de enero hasta el 26 de marzo, de 10:00 de la mañana a 2:00 de la tarde.

“Algunos nos van a sorprender gratamente con todo el cúmulo de información que traigan, lo más seguro es que nos va a caer gente que no tenga que contar en términos sociales, pero que son capaces de reconocer en su propia historia, la historia de Tampico”.

Y al final reconoce, todo va a encaminado a una compilación literaria.

“Vamos a hacer un libro, la finalidad es esa”, aunque publicarlo sería difícil este año.

Aunque la convocatoria es para acudir al edificio de la Dirección de Cultura, hay algunas personas que colaborarán a distancia, también proyectando sus aportaciones.

“El problema es que mucha gente no escribe, la idea es ir integrando la memoria viva de la gente común, muchos allegados no saben la historia de Tampico, la importancia histórica… qué hemos perdido y qué hemos ganado… si es que hemos ganado algo”.

La historia, detalla, tiene una división histórica en sus últimos tiempos divididos por el ciclón del 55 con el cual comienza “a repoblarse Tampico por tercera ocasión, y la explosión demográfica ha sido importante, hay población novísima”.

Pero hay un grupo de gente que asume en su propia historia la evolución urbana de Tampico.

“La tercera edad es población poco atendida, a veces nadie les hace caso y es el momento en que todo tienen qué contar, quieren contar, cuentan, se acerca el hijo, el nieto y empiezan a contar… no saben escribirlo, no tienen idea como plasmarlo, es ahí donde llega la ayuda”.

Pero no sólo son sus reflejos de la vida, sino la influencia en la ciudad de esas historias.

“La idea es esta, es mi vida, pero mi vida en Tampico”.
Explica, “Tampico es un puerto relativamente joven, no tenemos ni un cuarto de siglo de existencia y eso nos dice lo que Tampico es y no es, no tenemos un pasado épico, legendario, aparentemente”.

“Esta ciudad es extraordinaria, este puerto es asombro y desconcertante, si la gente vuelve atrás la vista de lo que Tampico es: decimos los tranvías; decimos la playa; los centros de diversión en término de vida nocturna, no hablo de historia, queremos la ciudad viva, estamos hablando de la segunda mitad del siglo XX, los comercios que ya no existen, restoranes, las zapaterías que había… clubes sociales, cantinas, lady’s bar, los cines, había muchos, estamos en uno”, comenta aludiendo al café en el que estamos que en el siglo pasado fue el cine Plaza.

“A mi ciudad le debo la vida, y la escritura, y ésta es una buena manera de irle devolviendo un poquito al puerto, recuperar algunos rastros de su memoria cotidiana y su gente. Muchos le han tomado todo y no le devuelven nada, mucha gente viene buscando el ‘por’ y no el ‘para’, a veces consigue lo que quiere y se larga.

“Es un rasgo fundamental de Tampico de esta ciudad mercantil, que es su origen, el comercio, la ganancia de la gente, eso me molesta mucho, que la gente se vuelve mezquina, la gente no ama Tampico y yo quiero que quieran tantito a Tampico y para querer a alguien la manera es conocerlo y sentir alguito por tu pueblo”.

¿Identidad? Pregunto.

“Recuperar la identidad, no quise decirlo al principio porque era muy pretencioso, pero es eso, tomarla como legítima, con alegría”.

Publicado en Milenio el 7 de enero de 2016.

Gloria Gómez: Poeta de la verdad

Fotografía: Miguel Ángel Camero

Por Lorena Illoldi

Conocí a Gloria Gómez Guzmán en Tampico, ciudad de la que ambas somos oriundas, cuando el libro Para quienes en altamar aún velan (1988), publicado por el ITC, estaba recién salido de la imprenta, y Gloria, algo reacia, entregó su obra a su gran amigo Caín Valdez, artista multidisciplinario, quien en una de sus incursiones escénicas compartió con el mundo el maravilloso almácigo de poemas dulcemente intensos, brutalmente verdaderos, con que la tampiqueña nos asombrara en esos días, asombro compartido por los jueces del IV Concurso Estatal de Poesía “Juan B. Tijerina”, que en 1988 le concedieran el primer lugar por decir:

yo canto contra aquellos que se apoderaron
de la realidad y el sueño
y nos dejaron fuera
contra aquellos que erigieron los imperios
donde perecemos en esclavitud y olvido
los que han borrado todo rastro de amor a nuestras caras*

Para quienes en altamar aún velan es una honesta declaración de principios, el contundente manifiesto de una personalidad firme, recia, curtida y atemperada en el crisol de su personalísima vida hasta esos días, una mujer determinada a pasar y permanecer:

yo no vine a abandonar mi centro
en las blandas manos de la inercia
he venido a estar
a darme un ser
estoy aquí

Gloria nos habla en un presente perfecto, declaración absoluta del ser y estar como significado último, como fin y esencia de su estancia en este mundo, del cual se reconoce parte importante, si bien no por ello menos vilipendiada por los embates de la crueldad de un día a día que la mueve a interpelar: Es terrible ser pobre, / termina uno siendo mezquino, y continuar engarzando un rosario de gastadas cuentas, sobadas imágenes que nos desnudan el alma enfrentándonos a un espejo prístino, pulido a fuerza de repasarlo obsesivamente en la decantación de la palabra que precisa: a los pobres de ahora no les han dejado nada / pero si los días de ira han terminado / la puerta del futuro está cerrada para todos.

La manufactura de estos poemas refleja la conciencia del poeta como ser superior a su circunstancia, heredero de mejores destinos, semilla de todas las potencias, y su canto deviene en un profundo lamento de dolor y esperanza, grito del que, quizá caído, se jura y repite que habrá de ser libre, de ganar, de ser feliz y poder estar, canto dedicado:

para quienes en altamar
aún velan
porque saben que la tormenta es un viejo hilacho
ondulando como un hombre solo
en la punta del más alto aullido

Así, la poesía de Gloria deviene en la consumación de sus propios prodigios, augurados ya antes en No eran la epopeya de estos años nuestros días, libro de 1981, cuando dice que si bien:

poesía no ha salvado a nadie
no resuelve insomnios
no sirve gritarla en pantallas de tv
o hacerla canciones y que traguen de ella
dulcemente los muchachos

poesía es un reluciente
bruto fragmento de náusea
un aullido están matando todo
la razón desvalida para seguir aquí

Escrito unos cuantos años antes, el poemario mencionado incluye un puñado de micro historias, fragmentos perennes de un mundo abigarrado, revuelto crisol que parece ir de los años cincuenta a los setenta, largo discurso de la aguerrida portavoz de un clamor de justicia que de sincero y honesto deviene en verdad social que señala, denuncia y se lamenta:

el poema se ha atorado
entre el recibo de la renta
y el de la luz eléctrica

respondiéndose ella misma más delante:

qué miseria de sistema
el que condena a los poetas
a dar clases de literatura
para poder pagar la renta

El poemario encierra instantáneas muy vivas, que en la sencilla pulcritud de unas cuantas palabras, revelan intensos destellos de una vida comúnmente poética, amaridada de protestas y lamentos, denuncias y odas, y por debajo de todo, como sutil pátina, una débil esperanza que se niega a desdibujarse por completo cuando asegura:

nosotros
padres melancólicos de ahora
que huyen de las multitudes ciegas en la calle
nosotros
pobres poetas de aquí
no entregaremos las armas

La poética de Gómez Guzmán expone sin piedad alguna las fisuras, el hollín y la ceniza en la memoria, las hojas de bordes amarillos, manchados con el orín apestoso de la noche, palabras de una mujer que nos dice querer un hombre, amar a vida, llorar a su padre, que asegura con simpleza que ella misma es el poema.

Litoral sin sobresaltos, de 1987, es clara muestra de ello cuando revela íntimo dolor de estar atrapada en la paradoja de mujer que se niega a lavar los platos y sale a la calle para encontrarse, mientras mira a las mujeres de su generación ahítas de mentirse a sí mismas, nulificarse en aras de encajar en el mundo artificial de allá afuera, y a pesar de ello Gloria sostiene: no logramos suicidarnos en nombre del futuro luminoso / ni nos traicionamos por un coche último modelo.

Los pocos poemas de este libro –y digo pocos porque de Gloria siempre se desea más poesía– transitan por senderos acedos de historias que ya zarpan, ya encallan, húmedas y manchadas, sucias y olorosas a eso que huele el olvido, lo que duele, y que de nueva cuenta mantienen el discreto brillo de la esperanza que se perfila cuando sostiene:

y yo que aquí abrí mi centro para preservar la vida
sé el asombro    sé que accedería
porque estoy viva y soy desdichada
y aún espero

El sermón del arenque, poemario de 1992, recoge con mayor fuerza ese anhelo de esperanza, cuando inicia diciendo:

si es de noche y aún bailas
porque siempre ha de llegar
el amanecer espléndido

si estás viva
éste es tu poema y el mío

Poemas bautizados con líquidos nombres, lavan nuestras posibles penas y las de todos con verdades luminosas aunque duelan, brillantes y hermosas aunque lastimen, dulces y amorosas cuando sanan al decir: yo no canto al mar/ pero/ es el golpe de su oleaje / lo que sacude las extenuadas orillas / de todos mis poemas.

Los lectores de Gloria Gómez Guzmán seguimos esperando más de la lúcida poesía de una escritora valiente, que respeta su oficio mediante el estricto control de cuanto escribe, y que comparte cuando se asegura de que resiste el escrutinio de los destinatarios, poeta de verdades que arrebatan, que señala con detalle cuanto de humanos poseemos y nos dice:

si he logrado salir entera
y húmeda aún he vuelto a tierra firme
si nada de eso tiene que ver con la poesía
y sí conmigo
-aunque no sea cierto
aunque haya ocurrido
si a nadie en verdad le importa
de cualquier manera
viva el personaje

Ciudad Victoria, Tamaulipas, marzo 2010

*Bibliografía

Guzmán Gómez, Gloria (1998). Antología Personal. (C. A. Arturo, & L. F. Guillermo, Edits.) Colección Nuevo Amanecer, Gobierno del Estado de Tamaulipas. Ciudad Victoria, Tamaulipas, México

Tomado del libro electrónico Los Santos Días de la Poesía. Aquella voz que germina: Retrospectiva de la poética desde Tamaulipas, pp.55-59, 2010.

Mujer cantando entre la bruma

Por María Luisa Govela

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                       para Gloria Gómez Guzmán, amiga y maestra

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Eres un puente sobre las olas,
espiral de agua,
mujer que canta entre la bruma
rodeada por el llanto incesante del mar.
Rosa de roca, castillo de cristal,
festín de llamas, destello de armas,
añoranza de polvo, sangre y hierro.
Roca, columna de memoria, rosa de roca.
Por tus cicatrices florecen las visiones.
Eres la mano que mueve el telar.
Elevas castillos de palabras
donde la muerte pasa volando
como enjambre de abejas.
Palabras que te dices a tí misma
para hablar con todos.

Gracias por el lujo de tus palabras.
Gracias por el privilegio de ser alumna
de una mujer cantando entre la bruma,
rodeada por el llanto incesante del mar.

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Tampico, Tamaulipas, mayo de 2020

El encanto de las medusas

Fotografía: Miguel Ángel Camero

Por María Luisa Govela

Carta a mi amiga y maestra Gloria Gómez Guzmán

Querida Gloria: En tu libro Aguamala nos dedicas un bello poema a Fernando Vega y Gómez y a mí. Se titula Agua de lujo y nos dices que en verdad ese obsequio poético te costó mucho más que un Rolls Royce, más que una mansión a la orilla del mar, más que un piso en Nueva York. Soltar ese montón de palabras te costó los cuarenta y seis años que entonces tenías. Nos regalaste, además de ese poema, el enorme privilegio de ser nuestra maestra: no fuimos tarea fácil como alumnos. Éramos un par de veteranos altivos e insumisos. El lujo siempre has sido tú, Gloria. Un lujo hermoso y doloroso al mismo tiempo, como una medusa.

El ser humano presume hoy de una sensualidad centrada en el hedonismo y el placer. Olvidamos un hecho central que nos compete en aquello que llamamos alma y se refleja implacablemente en su constante compañero: el cuerpo. Estoy hablando, desde luego, del dolor. El placer físico es limitado. Al orgasmo, por ejemplo, le llaman pequeña muerte porque, a pesar de ser uno de los mayores placeres imaginables, está condenado a una corta duración. En cambio, el dolor tiene mayor capacidad de permanencia que el placer. El dolor -dice Marguerite Yourcenar- pone en marcha mecanismos poderosos. El dolor es nuestro, aunque dependa en primera instancia de la instigación ajena, pero continúa después surgiendo de nosotros mismos, cosa que no hace el placer. El dolor se apodera de nosotros por completo. Es nuestro compañero hasta la muerte. Quien sufre dolor sólo puede pensar en el dolor. O escribir poemas maravillosos, como tú.

La gran poesía es como las medusas: hermosa y dolorosa a la vez. Tus poemas se ajustan a una de las definiciones de poesía de Archibald McLeish: Toda la historia del dolor, y una hoja de maple. Tus palabras tienen la belleza y colorido sensual de la medusa, en cuyo cuerpo húmedo y transparente se reflejan todos los colores del arco iris; mas si nos toca, el dolor intenso que la permea penetra por nuestra piel  como alfileres filosos y corrosivos. Confieso que no puedo recobrar fácilmente la calma interior después de leer algunos de tus poemas. Cuando leo los versos de Aguamala me esfuerzo por no soltar el llanto. No solamente por ti, también por mí.  Me enfrentas a episodios de mi vida que siempre me ha dolido recordar.

En aquellas tardes inolvidables del taller de creación literaria, sugeriste lecturas entrañables y señalaste modestamente que eran los grandes poetas quienes serían los tutores fundamentales. Bebí de su sabiduría al mismo tiempo que me enriquecía con tus enseñanzas. Siempre exigente y justa, si alguien llegaba sin su trabajo semanal que mostrar para recibir la crítica de los demás, no podía participar. Aprendimos cuáles eran las sugerencias que realmente ayudaban a nuestro trabajo, además de cómo mejorarlo omitiendo palabras superfluas o añadiendo otras que lo enriquecieran. Desarrollamos nuestro oído poético para distinguir entre poesía y lo que no lo era. Con dolor benéfico -por aquello de nuestros egos sobrevaluados- nos enseñaste la importante humildad de “encestar” sin piedad aquellos trabajos que no tenían remedio y salvar los que podían ser salvados. Adquirimos la agudeza de reconocer la crítica constructiva y la que era sólo una crítica pobre o equivocada. Aconsejaste no dejarnos abatir por cierto tipo de obstáculos que todos encontraríamos en nuestro camino.

Más de treinta años después, yo a mi vez te dediqué un poema inspirada en esos desgarradores versos tuyos donde te despojas de trozos de tu vida hasta quedar desnuda, en carne viva. Pero al mismo tiempo, como Chaplin, nos brindas a veces en medio de la angustia y el dolor, una sonrisa cáustica e inesperada, que es un sorbo de agua fresca para continuar por el escabroso camino de tus palabras. Como eso de decir que por culpa de Freud ya nadie teme a las víboras; o que debemos a las pulgas la perfección evolutiva de nuestros pulgares; o que las ratas sólo devoran al hombre cuando no tienen nada más a su alcance. O cuando proclamas que el poeta debe asumir sus pasiones, de no hacerlo, ¿quién quedará para firmar la credencial de elector?

En Aguamala hay líneas que me marcaron para siempre. Bellos tatuajes de imágenes insólitas. Preguntas en un poema quién te arrojó a la angustia de vivir en la palabra. Yo no me lo pregunto: Fuiste tú, Gloria, quien me arrojó a esa angustia. Pero también me lanzaste a la alegría alucinante del mundo de las palabras. Como dices a tu madre, yo también quise amarte en un poema, inspirada en los hombres que tan mal nos han amado, y porque te debo ese mundo de letras y otras cosas.

Mira, tuvimos más que la vida -en palabras de Yehuda Amijái-. El poema que te dediqué se titula Nosotras que los quisimos tanto. Tú ya lo conoces. Hoy, con motivo de tu cumpleaños, te dedico un ramillete de mis versos, una letanía de imágenes agradecidas a ti, entrañable amiga y maestra, gloria de los poetas tampiqueños.

Tampico, Tamaulipas, mayo de 2020

Gloria Gómez y la abolición de la desdicha

Fotografía: Miguel Ángel Camero

Por Libertad García Cabriales

Tampico por sí solo podría ser un poema escrito por natura y signado por cultura. Sus aromas de mar, su traza huasteca, su impresionante feracidad; son el marco exacto para la energía que emana de su gente. Cada vez que piso la tierra del puerto, descubro esencias que lo impregnan todo. No en vano ha sido casa de extraordinarios creadores. En eso pensaba el día de la entrega del merecido reconocimiento como Creadora Emérita de Tamaulipas a Gloria Gómez en febrero del año 2015.

Apenas llegamos, sentimos en la piel los húmedos efluvios del puerto y las flores de los enormes mangos parecían saludar con sus racimos llenos de placeres futuros.De camino al METRO, repetí para mí un poema de Gloria:

yo no canto al mar
pero
es el golpe de su oleaje
lo que sacude
las extenuadas orillas
de todos mis poemas.

Asumida como poeta porteña, las letras de Gloria Gómeznacen de los golpes que traen las mareas, de los restos de navío en el fondo de las miradas. Una poesía hecha de mar, pero con profundas raíces en la tierra. Al repetir aquel poema, me recorrióla oleada de su canto y al entrar al recinto, sentí aire nuevo en mis pulmones. Después, la sonrisa de Gloria nos dio la bienvenida y se quedó a presidir la ceremonia. Una sonrisa de muy adentro, un despliegue de luz a foro lleno. Hay momentos de la vida que uno agradece profundamente. Así esa tarde de febrero, rindiendo homenaje en su solar natal, a la poesía de una mujer.

Leí por primera vez a Gloria Gómez en los noventa, cuando encontré en el librero de mi madre un ejemplar con sus poemas. Hacía calor y guarecida bajo el enorme ébano del jardín de mamá, fui leyendo cada uno de los poemas como quien busca un espejo para encontrar allí su rostro.

solamente un espejo
ese espejo donde mires
te mires
nos mires
y no entiendas

Y sí, Gloria, la poesía parece ser inútil, pero “necesaria en un mundo lleno de cosas útiles e inmediatas”. Inútil en el mundo del utilitarismo, de las ganancias vertiginosas y la omnipotencia del dinero. En una sociedad utilitarista, los hombres acaban amando las “bellezas fáciles”, que no requieren esfuerzos ni excesivas pérdidas de tiempo, afirma Nuncio Ordine: “Porque a todos estos lujos considerados inútiles, les corresponde cada vez más la tarea de alimentar la esperanza, de transformar su inutilidad en utilísimo instrumento de oposición a la barbarie del presente”.

Pero lo que permanece lo fundan los poetas, dijo bien Holderlin. Ahí se encuentra la esencia de la vida, la custodia de la memoria, la grieta por donde entra la luz. Así han sumado a mi vida tus poemas, haciéndome mirar dentro, pero también reconociendo la trama social, el dolor de tu grito por la justicia: yo canto contra los que tienden cerco de muerte en el camino de la vida. Porque la poesía de Gloria Gómez también punza, duele, revela:

Ya nadie se ama aquí
suaves los movimientos
sin tocarse
nadie quiere salir lastimado
todos tienen miedo
beben alcohol
toman tranquilizantes
ven televisión
creen que se aman si poseen al otro

Sin tocarse, sin tocarnos. Todos tienen miedo, todos tenemos miedo. Poesía presagio, poesía presente. Letras de Gloria escritas ayer para hoy. Ya lo dijo Garfias: ayer no se va nunca. La década jodida no se acaba, ni los baldíos donde arrojan cadáveres, ni la patria inerme y rodeada por la muerte. Palabras que dibujan la sangre y las lágrimas, pero también los vértigos de la conciencia. El grito de quien pone el dedo en la llaga, la misma rabia empecinada en la palabra.

El canto de Gloria Gómez es combustión interior, fuego que abraza. Palabras plenas de significado, imágenes entrañables que no rehúyen al dolor, más bien lo hacen visible para recordarnos de qué estamos hechos:

Aunque de nada sirva gritar
que tú y yo
hicimos de la vida
un sitio demasiado hostil para la vida

Sor Juana Inés de la Cruz abrió las puertas del claustro con sus letras. Ningún muro ha detenido nunca las alas de la energía creativa. Toda acción poética conlleva una experiencia liberadora.  Gloria lo sabe bien. Por eso construye un cosmos con sus versos. Por eso nombra la realidad, por eso evoca y convoca, por eso describe y escribe, no del edén sino de la expulsión:

porque en mi casa
y en todas las casas de este país
no se puede estar bien

Poesía potente de mujer que trasciende las esperanzas canceladas, la soledad impuesta, la leche amarga de todo el desamparo. “La poesía  tiene un valor extra cuando la vida humana está en peligro” dice Zagajewski. Las letras de Gloria Gómez se alzan como banderas  y nos convocan a soñar, a enarbolar la furia, a edificar con palabras la utopía:

digo que lo único que quise
fue la abolición de la desdicha

La tarde del 21 febrero del año 2015, al conjuro de la poesía de Gloria Gómez, un grupo de personas logramos por unas horas la abolición de la desdicha. Para quienes creemos en las letras, para quienes estamos convencidos de la utilidad de lo inútil, para quienes leyendo a poetas como Gloria, tomamos conciencia de que existimos; sólo nos queda agradecer su obra e invitar a leerla. Y mientras tanto amar la vida:

Nosotros
que hemos sido
solamente
humanos.

¡Salud, poema y sonrisas en tus 70, querida Gloria!

Las 13 mejores poetas mexicanas

Por Roberto Absenti

5. Gloria Gómez Guzmán: poeta revolucionaria e imponente, que escribe poemas que hace sentir al más frío de los seres. Nació en 1950, y aunque poco conocida y valorada, eso no impidió que yo lograra encontrarla y leerla para presumirla ante ustedes como la grandiosa poeta que es. A pesar de los que no le quieren dar importancia y le dan un lugar nulo en las antologías mexicanas (ya saben que nunca faltan los envidiosos o los militantes que se hacen pasar por poetas o críticos de poesía para tratar de desacreditar a mujeres poetas que en verdad valen la pena como lo es Gloria Gómez). Aquí un poema de su autoría: “las piernas de mi padre duermen/ desde que empezó el invierno/ el doctor nos dijo que eso/lo liquidará/ que es cuestión de días/ no es justo/él fue arriero/ pescador/ chofer de ruta/todo eso en sesenta años/ no es justo/ aunque sea mi padre/ no merece perder la vida de ese modo”. Digna poeta dentro de la saga de Leopoldo Ayala, y de Roberto López Moreno. Les recomiendo conseguir sus libros.

Fragmento publicado el 12 de mayo de 2012 en http://adrianatafoyatextos.blogspot.com/2012/05/las-13-mejores-poetas-mexicanas-segun.html

Con mi vida hice un poema…

Fotografía: Miguel Ángel Camero

Por Ana Elena Díaz Alejo

Desde sus primeros libros, Gloria Gómez supo del enorme poder de su voz para expresar el ideario aprendido en el yunque de las aristas más ingratas. Una línea ideológica y emocional camina con ella a pie firme atada a su escritura, forja develadora de certezas jamás ocultadas ni encubiertas con eufemismos: tarea difícil cuando el texto está creado con voces artísticas. La tarea ha sido fortificadora y, especialmente, didáctica: la ha llevado al dominio del oficio, al encuentro con su propia poética, con su selección léxica y, sobre todo, con un ritmo interno imperturbable y obediente a sus exigencias cordiales. Este proceso es natural en el quehacer de los poetas. Así, en Gloria las palabras y las ideas corren parejas en lucha constante, sostenidas unas en otras para alcanzar un culmen devastador. No es fácil leerla. En la claridad de su lenguaje, en el manejo de sus metáforas, en la facilidad de sus recursos retóricos todo irradia precisión, pero señalada con dardos punzantes, con realidades evidentes y profundas, con voces intocables cuyo manejo arremete filosamente al lector. Para leerla debemos bajar el yelmo y mantener puesta la armadura: no se le debe leer a la hora del café ni mucho menos con aires de dulzaina. Hay que leerla a corazón abierto, armados con una clara visión del mundo y dispuestos a recibir la luz sin anteojos protectores.

Los poetas son la voz antigua de la Tierra –lo ha dicho León Felipe–, llevan con ellos los ritos ancestrales, las incandescencias capaces de registrar la temperatura de todos los termómetros. Ellos nos avisan, como instrumentos barométricos, del mal tiempo cercano, de los daños por venir. Ésa es su función. En 1981 escuchamos la voz de Gloria en No eran la epopeya de esos años nuestros días. Allí predice lo que nadie quiere escuchar: ¿Están ustedes ahí? / atiendan / estamos rodeados /pueden disparar. No le extraña el silencio por respuesta: es una costumbre inveterada, y también es la causa de su cansancio.

La palabra, tótem mágico, tiene en su valor grafológico un símbolo lingüístico capaz de rezumar un mundo empozado, agónico, que lucha por emerger en un débil destello de salvación –¿o de esperanza? Palabras, recursos, ideas, integran una amalgama multicolor donde predominan los rojos intensos. Con ellos Gloria proyecta en su bastidor su mejor arma: el poema: Sin las balas del poema estoy perdida / y ustedes también. Y en crescendo construye un solo poema, pero de largo aliento, a cuyos principios podemos acudir para aclarar ideas, reconocer voces o actualizar conceptos. Aquí aparecemos derramados en la Gran Patria, esa Patria que no amamos y en donde la lente experta descubre el fracaso, la desvalidez, el adocenamiento, la indiferencia y la desesperanza. Ella exige una aplicación constante para llegar a la concientización en beneficio del arte, de las interrelaciones humanas, del hombre. Su mirada, proclive hacia los mundos infelices –¿el 80 por ciento del planeta?–, la ha dotado del mágico don de convertir lo más sórdido, lo más miserable, lo más terrible, en materia artística. Basta el leve y extraordinario roce de su pluma para que una blasfemia, un reclamo de mal gusto, o quizá algo trillado se conviertan en una verdad calcinante revestida de un gran poder semántico. Ella lo sabe y nos dice en tono de soberbia: soy tan sólo una poeta y amo a toda esa basura. Y así es. Alquimista mayor, el artista posee el don de multiplicar el lenguaje, de abrillantarlo, de vivificarlo, de hacerlo florecer.

Hacia 1998 (Aguamala y otros poemas) está convencida: todo es inútil. Está fatigada de clamar, de señalar, de avisar. Hemos permanecido sordos ante su sereno verso rabioso. Alejándose de la ira, su palabra adquiere maestría y un dominio altísimo de un ritmo interno más allá de la palabra escrita.

A veces, cierto reposo aqueja su pluma; cree que ha perdido la batalla, como el boxeador que ha gastado sus mejores golpes y ya no puede otra cosa que abrazarse a su contrincante mientras éste lo golpea. Desde esta imagen nulificadora, desde sus convencimientos, profetiza… y salimos muy mal librados: nos confirma que su voz es la respuesta a una sociedad sorda e insensible donde triunfa el desamor, el egoísmo, la futilidad, la hostilidad medrosa hacia quienes saben mirar donde los otros sólo ven.

He intentado leer a Gloria de día… y sus versos no me dieron paso. La leí, humildemente, de noche, y sus libros me abrieron su follaje. Ramas heridas de un mismo tronco deshojaron ante mí sus pétalos. Y fue en la quietud de las horas oscuras cuando descubrí la cimbreante vereda desolada de su poesía, uncida a un sentimiento amargo, viajero en la cauda del sufrimiento universal y de su mayor descubrimiento: ¡somos huérfanos, nadie puede pro-tegernos! Con estas certidumbres en su aljaba sombría, camina calladamente hasta un leve, levísimo, puerto de serenidad. Sólo entonces, su voz va cediendo hacia el verso diseñado por la maestría, por la solvencia que otorga el ejercicio perenne, por el dominio de la palabra trazada una y otra vez, por el convencimiento de la condición colectiva del poema. Para ello, nos arroja imágenes y definiciones preñadas de colores cuya agresiva e implacable sen-sorialidad apenas nos permite levantarnos de nuestros abismos.

Por sobre todas sus actividades, Gloria es poeta y maestra. Enseña el amor a las letras. Muestra el mundo con ojos límpidos y plenos de valentía, y cultiva el maravilloso don de la coherencia.

Prólogo de Poemas encontrados en una caja de cartón. Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2015.